jueves, 24 de noviembre de 2011

La Relatividad, nueva Teoría para rescatar conceptos de la Fe






















La “Relatividad”,  nueva perspectiva para rescatar conceptos de la fe.

















                                                                          Esteban Feriche


























                                                                          Reg.  nº 3518
                                                                   Granada, 13/10/2.000





INDICE
                                             
                                                                                                            Página                                                          

PRÓLOGO. ....................................................................................         4
INTRODUCCIÓN. ........................................................................       10
I       De cómo a través de los sentidos no alcanzamos
          a ver la realidad. ....................................................................       14
II     De cómo de la confusión nace la luz. ....................................        24
III   De cómo de la observación de algunos fenómenos
         inexplicables, nace la confusión. ..........................................        31
IV  De cómo con un nuevo conocimiento de la realidad
         se cambia de disposición. ......................................................        43
V   De cómo el saber transforma la fe en conocimiento. ..............        50
CONCLUSIONES..........................................................................        53
COROLARIO…………………………………………………….        57









PRÓLOGO DEL AUTOR


     Todo empezó en un desapacible día de Febrero de 1995, serían las seis de la tarde cuando "morí".
     Acababa de llegar esa misma mañana de un viaje de trabajo, en un vuelo regular de Madrid a Granada, y tras dejar un escaso equipaje en casa, me dirigí a mi despacho de Retevisión  (antes RTVE) en Granada.
     Unas tres horas mas tarde, las doce del medio día pasadas, me sentí muy mal por momentos, con una fuerte opresión en el pecho y gran fatiga en mis miembros.
     Pocos minutos después me ingresaron en Urgencias del Sanatorio "Ruiz de Alda", dónde me diagnosticaron un "angor" estable que avisaba de un inminente infarto,... y así fue.
     A la vista de la gravedad que presentaba mi estado, me ingresaron rápido en la UCI de Coronarias y, a pesar de los vasodilatadores que me suministraron directamente en vena, y que en principio me aliviaron, la opresión fue en aumento y el ahogo muy acusado. Supe que me moría y ... me "morí" en lo que tardo en contarlo.... Todo fue muy rápido.
     Pero justo en ese momento pasé, en un imperceptible instante, de la angustia que me oprimía el pecho a un estado de total ingravidez.
      Hubo una continuidad perfecta entre ese último momento, en el que tanto me angustiaba el cuerpo, y ese otro de total libertad y placidez, en el que sólo sentía una paz y un bienestar inmensos…. Pero ¿qué es esto?, me preguntaba absorto ante mi nuevo estado… ¡Me había desprendido del cuerpo!.
      ¡Dios mío, me he muerto!, exclamé sintiéndome más pleno que nunca de vitalidad y lucidez.
     Esta experiencia no tiene nada que ver con esas lipotimias que más de una vez sufrimos por causas, generalmente, de agotamiento. Recuerdo que en ellas -sufrí tres en vida- quedaba como dormido, sin ni siquiera un sueño, y al despertar siempre me hice la misma pregunta: ¿Qué ha pasado?.... sin recordar absolutamente nada.
     No, no es así lo que experimenté en estas nuevas circunstancias. Aquí hubo una perfecta continuidad en mis pensamientos, y pasé del temor que se siente en esos momentos previos, consciente del paso tan transcendente que vas a dar, siempre acompañado de tus dudas en lucha contra tu fe, a la euforia del descubrimiento de que la vida sigue en el más allá.
    Me pregunté si aquello sería el famoso "túnel" del que tanto he oido, y qué acontecimientos vendrían a continuación,.... si vendría alguien, como dicen,  a verme, si vería esa luz de que hablan,....  lo cierto es que ya no me preocupaba nada, absolutamente nada, ni siquiera la pena que sentía, minutos atrás, por el dolor de abandonar a mi familia,... porque -me preguntaba- si luego les espera esta maravilla, para siempre, para toda una eternidad... ¿qué más da lo que ocurra en la Tierra?.... ¿qué más da?
     En este estado de paz y bienestar –palabras que lo definen- no existe sensación de ocupar espacio, ni existe el arriba, ni tampoco el abajo, ni las prisas, ni las pausas,... porque es un estado diferente que no encaja con las experiencias que sentimos cuando estamos sujetos a nuestro cuerpo, limitados por su pesantez y sus sentidos, por las sensaciones de espacio y de tiempo...
     Pero ¡qué maravilla! -no paraba de exclamar en un torrente de felicidad-, ... y en esa euforia estaba, esperando acontecimientos, cuando noté que, poco a poco, me conectaba de nuevo a mi cuerpo, sintiendo, primero, un -"¡ya vuelve!"- en la voz femenina de una ATS, mientras yo me decía en lenguaje de mi mente, y  con pena contenida, -"ya sé,… ya sé que vuelvo"- ... Y ya lo creo que volví, notando cómo me anclaba, de nuevo, en la gravedad y en el desfallecimiento.
      Sentí una enorme pena de dejar aquel "cielo" de paz y bienestar maravillosos, y, recuerdo, que hasta me rebelé a Dios preguntándole sin cesar por qué me hacía ésto, .... aunque luego, el hecho de saber, de haber conocido personalmente, qué es lo que hay después de la esta vida, me conforta enormemente, y mi próximo viaje será, por supuesto, sin temor, ... casi la espero, cuando Dios quiera, claro, pero como es fácil de comprender, ya no siento, ni sentiré, ningún miedo.
     No tuve noción del tiempo ni del espacio mientras permanecí separado de mi cuerpo, pero luego, los mismos médicos de la UCI que me atendieron, me informaron que había permanecido mi cuerpo "muerto", tras sufrir una parada cardio-respiratoria, unos dos minutos y medio.... tocando las fronteras del no regreso, allí donde comienzan las lesiones irreversibles.
    Dicen que el cerebro queda "plano" a los 10 segundos sin riego,... y yo , sin embargo, pensaba, mientras permanecí en ese estado sin cuerpo, con una fluidez increíble, mucho más ágil y despierto que en mis mejores momentos, cuando estudiaba en Madrid, en el Paraninfo Universitario, allá por los años sesenta.
    Esta ha sido la experiencia más fuerte de todas las conocidas por mí, y eso que he vivido muchísimas, ... pero como ésta ninguna, por su impacto y trascendencia, y es la que ha hecho cambiar profundamente mi vida.
   Ahora y aquí expongo todo ésto con una intención bien definida, diferente a los muchos libros que se han escrito sobre éstos argumentos y vivencias de personas que, como yo, han conocido en esta vida su "muerte", y luego volvieron para contarlo.  Y es que, en mi caso, la diferencia estriba en que, además de haber pasado por este trance, el hecho de ser también un Científico en el campo de la Física, quizás por "deformación profesional", si cabe, me hizo preguntarme y buscar una explicación a mi estado fuera de mi cuerpo, a la no percepción del espacio, ni del tiempo, cuando estuve en esa "situación" tan diferente,  ... y es que, en mi caso,  se dieron dos circunstancias difíciles de coincidir en un mismo individuo, la de ser un Físico Teórico y la de haberme "muerto" y "resucitado" –yo, al menos, no conozco a otro-..
   Sirva este relato como prólogo y entrada a unas conclusiones que a mí mismo me llenaron de asombro, y que no quiero guardarlas y dejar de publicarlas antes de mi nueva partida,... porque es seguro que aquí no se queda nadie..
     Les invito, por tanto, a que disfruten de mi sencillo trabajo, en el que me he esforzado enormemente en hacer llegar al lector, en primer lugar, los conocimientos básicos de la Teoría de la Relatividad, en el más fácil y llano lenguaje, con la intención de que estos conocimientos puedan estar al alcance de todos los humanos, y este esfuerzo, sinceramente, creo que ha sido logrado, a la vista de los comentarios que me han hecho desde Académicos de las Ciencias y Doctores, hasta los menos letrados en este tipo de conocimientos.
     Es quizás, cuando he leído este trabajo, de lo que me siento más satisfecho y ufano. Por esa razón me decidí a publicarlo, porque es mi deseo hacerlo llegar tanto a sencillos como a sabios. 






















 

 


INTRODUCCION


     Es difícil  encontrar a alguien  que  nunca se haya preocupado a lo largo de su vida por un tema  trascendente, y  es, por el contrario, muy frecuente, que aquellos que en un momento determinado encontraron una respuesta a alguna de sus lagunas del conocimiento, no la plasmaran  por escrito para hacerla llegar a otros; a los que, con relativa frecuencia, o de tarde en tarde, “bucean” en una más o menos extensa bibliografía en busca de nuevas ideas, o tratan de cimentar con sólidas afirmaciones alguna que otra cuestión más o menos trascendente.

     En ese segundo grupo de indecisos me encontraba, hasta que decidí, justo en el preciso momento en que acometo este trabajo, relatar las conclusiones a las que he llegado,  después de una insólita visión, que se presentó, hace ya algunos años, como un “flash” inesperado, y cuya explicación, inexorablemente, ha ido depurándose y cobrando solidez en mi mente con el tiempo.

     No puedo por más tiempo silenciarlo.

     Me resistí a desarrollar esta idea, año tras año, no sé si por timidez, si por indolencia o por eso que nos acompaña a todos y que tanto cuesta sacudir para que se desprenda, como es el encontrar el momento de empezar algo.  Sin embargo, y muy recientemente, la idea de plasmar y comunicar esta vivencia se ha venido repitiendo insistentemente, como a golpes de aldabón en esa trastienda interior, convirtiéndose en una vehemente necesidad de dar a conocer ésta, para mí, sencilla y maravillosa  deducción.

     Aquí no me voy a  perder por las ramas de una biografía, ni por los derroteros de una amplia, seca y dura disertación; aquí solo pretendo hacer llegar, a quien interese, una, a mi parecer,  preciosa y sencilla idea.

     Pero como siempre ocurre en los grandes y en los pequeños descubrimientos, estas ideas suelen nacer de inspiraciones alimentadas por los conocimientos que a cada uno le imprime su profesión. Esto se debe a que cada individuo vive “deformado”, profesionalmente hablando, por el entorno de su quehacer diario a lo largo y ancho de su vida;  por  tanto, me veo obligado a anticipar que los pilares científicos con los que vamos a navegar juntos en este relato, y que dan luz a una interesante conclusión, son hechos reales, comprobados y admitidos como tales en las Ciencias Físicas.

     Sin embargo, quiero también hacer la advertencia de que, como profesional en esta materia, me guardaré en todo instante de caer en el grave error de mezclar, sin previo aviso, los conceptos puramente físicos con los conceptos que entran plenamente en el campo de la Metafísica.   Es notorio el abuso que se hace constantemente, hoy en día, de solapar y entremezclar ambos campos, cuando, precisamente, el correspondiente a la Metafísica comienza justo al otro lado de la frontera establecida por los fenómenos naturales estudiados por la Física, siendo ambos conceptos, por definición, y por naturaleza, no miscibles, y es  en  esta postura donde voy a apoyar, precisamente, la fuerza de mis conclusiones.
     
     Cuando el lector concluya este trabajo, comprenderá que esta nueva perspectiva con que se dan a comprender mejor algunos de los atributos que conocemos como divinos,  y en el depósito de la fe, no es consecuencia de una visión sobrenatural, de un espejismo o de una percepción extra-sensorial, es simplemente el resultado de haber ampliado el conocimiento humano en el campo de la ciencia, concretamente en el campo de la Teoría de la Relatividad, descubierta por Albert Einstein a principios del siglo XX, y posteriormente comprobada experimentalmente hasta la saciedad.

     Gracias a esta nueva rama de la Física Moderna estamos ahora en disposición de poder observar el Universo con otra perspectiva más veraz, frente a la rigidez  y parcialidad con que nos lo presenta la Física Clásica, coherente siempre con la percepción limitada de nuestros sentidos.

     Por tanto, y antes de presentar mis conclusiones, sin el riesgo de arrancar una sonrisa al siempre ponderado y paciente lector, plantearé esta cuestión explicando, en primer lugar, y de la forma más amena que me sea posible para quienes no estén familiarizados con esta rama de las Ciencias, las líneas básicas y las consecuencias más elementales de la teoría de la Relatividad, a fin de que, una vez familiarizados con ellas, sacar, sin necesidad de utilizar una “chistera”, unos “asombrosos” resultados, que dejan las puertas abiertas a otros investigadores en este campo entre la fe y la razón.









I


     
De cómo a través de los sentidos
                      no se alcanza a ver la realidad.









     



    
     Hemos llegado al Siglo XX1, y todo el mundo continúa contemplando su entorno de la misma forma que lo hicieran nuestros antepasados, y no me refiero a aquellas generaciones que fueron testigos del descubrimiento de América o de la caída del Imperio Romano, me remonto a los primeros seres humanos que poblaron la Tierra, seres que poseían las mismas limitaciones que nos imponen hoy en día nuestros sentidos.

     Solo un mínimo porcentaje de personas de nuestra era contemporánea ha gozado de la posibilidad de poder utilizar una sofisticada  instrumentación, que les ha permitido ampliar desde unas decenas hasta varios millones de veces sus percepciones sensoriales, en especial la de la visión. Hoy estamos en condiciones de asegurar, que estos avances sólo han ayudado a comprender mejor el amplio abanico que se extiende desde el conocimiento del universo, hasta la observación de las más pequeñas formas de vida y de las más elementales formas de la estructura de la materia,... aunque siempre con  las oportunas limitaciones.

     Dentro de las muchas actividades humanas, generalmente necesarias para armonizar una mejor calidad de vida en una sociedad exigente y heterogénea, siempre hubo un grupo de personas que se decantó por la observación y análisis de los fenómenos naturales. De esta disposición  nació con fuerza, y más estructurada a partir de la edad moderna, la  disciplina de la Física, que etimológicamente quiere decir “filosofía de la naturaleza”, y que, como su nombre indica, analiza e investiga los fenómenos naturales.

    Los físicos, como todo el que se precie de científico en el campo de la investigación, han de atenerse a unas normas bien definidas para realizar con rigor su trabajo: Han de observar los fenómenos naturales, reproducirlos experimentalmente, establecer las leyes que los rigen y, posteriormente, comprobar que siempre que se den las mismas condiciones en un fenómeno físico, su comportamiento y evolución han de ser idénticos, de acuerdo con la ley establecida. Estos son los llamados “cuatro estadios” del método científico: 
     1- observación,  2- experimentación, 3- teoría y 4- comprobación experimental -.

    Además, la Física ha elegido para su exposición y desarrollo un lenguaje matemático; así sus leyes se plasman en ecuaciones matemáticas que relacionan entre sí a distintas magnitudes físicas. Gracias a este procedimiento, no solo se puede reproducir en un simple papel, o encerado, cualquier fenómeno natural físicamente conocido, sino que podemos prever la evolución del mismo.

    Hasta nuestro siglo se ha ido desarrollando enormemente el campo de la Física que conocemos como Física Clásica, llamada así para diferenciarla de otras ramas más modernas, ramas de la Física que nacieron ante la necesidad de continuar profundizando en el comportamiento de la materia y del universo, allí donde la observación de los fenómenos naturales se hace imposible por las limitaciones de la más moderna y avanzada instrumentación.

      Sin embargo, estas potentes herramientas nos permitirán analizar y confirmar algunas de las hipótesis de esta nueva rama de la Física a través de los resultados observados.

     La Física Moderna nació para contestar y salvar los escollos que en el siglo XIX, y principios del siglo XX, comenzaba a presentar la Física Clásica, debido, sobre todo, al avance adquirido por los potentes medios de análisis y detección, como son, por ejemplo:

     En  el mundo de la macrofísica:
     -¿Cómo explicar que algunos fenómenos observados en el universo - fenómenos que más adelante relataremos -, iban contra las leyes hasta entonces conocidas de la Física Clásica?.

        Y en el mundo de la microfísica:
        -¿Cómo funciona el átomo si no lo podemos observar?.
        -¿Y su núcleo, que con más razón no podemos ver?.
        -¿Cómo conocer el comportamiento de una partícula sub-atómica – por ejemplo, el de un electrón - si no podemos medir, exactamente, ni su posición ni su cantidad de movimiento? - porque por el simple hecho de “iluminarlo” con solo un fotón, para “verlo”, modificaríamos lo que pretendemos medir en él, ya que el choque de un solo fotón con un electrón le afecta a éste en su trayectoria  y cantidad de movimiento. - El llamado efecto Copton -.
     -¿Cómo es que estas partículas elementales – como son el electrón, el protón, etc. ... - se comportan a veces como una onda y otras veces como una partícula?.  
     -¿Cómo una onda - de naturaleza electromagnética -, que no tiene masa, se comporta también como una partícula – fotón, radiación gamma, etc. ... -?.
 - Y así un largo etcétera...... 
    
     Esta necesidad de estudiar el comportamiento de cuerpos y energías inaccesibles a todo tipo de instrumentación, obligó a los físicos modernos a inventar la forma de suplantar y manejar a las  partículas “sin tocarlas”, mediante una “imagen artificial” de las mismas, dando lugar a la necesidad de utilizar una nueva herramienta matemática. Para ello se creó una nueva Mecánica, conocida como Mecánica Cuántica, en la que encontramos a las partículas representadas por “funciones matemáticas”, y así, para “medir” su posición o su comportamiento, se aplica a las citadas funciones unos “operadores matemáticos” – llamados operadores de posición, de cantidad de movimiento, etc. ... -  con los que se obtienen los resultados apetecidos de posición, cantidad de movimiento etc. ... de las partículas elementales, sin que se modifique absolutamente nada la función representativa de la partícula, es decir, la “imagen matemática” de la propia partícula.

     El mundo de la microfísica, el mundo invisible que soporta a todo lo visible y que aún no podemos alcanzar a “ver”, ha resultado ser un mundo fantástico, muy distinto a nuestro mundo convencional; es un mundo en el que, por ejemplo, la energía no es continua, sino que va “cuantificada”, como envasada en pequeñísimos “paquetes de energía” – llamados “quantum” de energía, cuyo valor, la menor cantidad posible de energía que se puede aislar o encontrar aislada en el universo, viene dado por la llamada constante de Plank -, que hacen que todo vaya aquí “a saltos”, dando lugar a la existencia de niveles energéticos “prohibidos” y “admitidos”.

     Por ejemplo, el modelo tan ilustrativo que acostumbramos  a realizar de un átomo, representándolo como si de un sistema planetario se tratara, y en el que hacemos girar los electrones en órbitas en torno a un núcleo, como los planetas en torno al Sol, de hecho no es así. En la realidad estas partículas no tienen ni mucho menos el mismo comportamiento, ya que los electrones pueden hacerlo en sólo órbitas permitidas, no pudiendo existir su presencia en otras órbitas intermedias, órbitas prohibidas - por no ser su estado energético un múltiplo exacto de un quantum de energía -. Por el contrario, el mecanismo de los cuerpos celestes, o el de un simple satélite artificial, permite cualquier nivel orbital, y en éstos últimos podemos hasta modificar su órbita de forma continua – en realidad lo que ocurre es que para cuerpos de un tamaño que sea visible, que sea apreciable por nuestros sentidos, su masa es billones de veces superior a la de una partícula elemental, y aquí  su aumento o disminución de energía en un “quantum” es  inapreciable -.
     Además, las energías en este “microcosmos” son de muy distinta naturaleza a las gravitatorias que gobiernan el “macrocosmos”, y en proporción fantásticas frente a las débiles energías gravitatorias que gobiernan el Universo - en este “microcosmos”, formado por moléculas y átomos, nos encontramos con que las energías predominantes son de naturaleza “electromagnética”,  que gobiernan a las moléculas y a los electrones en sus “órbitas” en torno al núcleo, y otras, más potentes aún, las nucleares, llamadas fuerzas de “canje”, que ligan fuertemente entre sí, en un espacio muy reducido como es el ocupado por el núcleo, a protones, a neutrones y demás nucleones en general -. El hecho de que este tipo de fuerzas no se pongan de manifiesto en nuestro universo, y no podamos ver sus efectos con nuestros sentidos, es porque su campo de acción disminuye rapidísimamente con la distancia; se puede decir que no existen más allá del átomo o de su núcleo respectivamente.

     Nada, por tanto, es igual a nivel de los átomos que componen la materia, que en el mundo que percibimos con nuestros sentidos. Puestos a buscar diferencias sería enormemente extensivo hablar de ellas, y me distraería del  objetivo que aquí se persigue, desvirtuando así el resultado que aquí pretendo; sin embargo, el hecho de que el mundo de las partículas elementales sea tan distinto, no quiere decir que no sea compatible con el mundo de  lo observable, ya que el comportamiento macroscópico de un conjunto inmenso de partículas, es idéntico al comportamiento de los cuerpos detectados por nuestros sentidos. Está de sobra comprobado, que la extrapolación de los resultados de la Microfísica para un conjunto numeroso de partículas, viene a coincidir con los resultados de la Física Clásica.
     Con todo lo expuesto hasta ahora, solo pretendo que el lector no familiarizado con la Física comience a entender, que el campo de conocimientos que podemos adquirir con el sólo uso de nuestros sentidos, es insuficiente para alcanzar a ver toda la realidad del mundo que nos rodea. Además, y hay que tener ésto muy en cuenta, cuando queremos dar una imagen de algo desconocido, generalmente lo hacemos mediante el uso de atributos que nos son familiares, tanto en cuanto a nuestras percepciones físicas como a las de conducta, aunque me reitero en la firme promesa de no tocar aquí el campo de estas últimas.

     Pues bien, imagínense ahora una nueva complicación, la que surgió más adelante, y también, cómo no, precisamente, por el avance tecnológico y resolutivo de la instrumentación.

     Algunas observaciones en el campo de la Física, que se realizaron a finales del siglo XIX y a principios de este siglo – y que por su trascendental importancia relataré posteriormente -, crearon una gran confusión entre los físicos de entonces, ya que dichas observaciones no cumplían con las leyes de la Física Clásica, llegando a dividir a los científicos de aquella época en dos grandes grupos irreconciliables.  Fue unos años después, en 1.905, cuando Albert Einstein  restableció la “paz” y el equilibrio entre los físicos de todo el mundo con su famosa Teoría de la Relatividad, .... pero ésto merece un capítulo aparte.

























I I    
                            
                    
                    De cómo de la observación de algunos
                fenómenos inexplicables nace la confusión.














     Pasemos a relatar algunos de los famosos casos que originaron el anunciado conflicto entre los científicos de  finales del sigo pasado y comienzos de este siglo.

      En primer lugar voy a relatar, dada la importancia que tuvo en su tiempo, como incentivo a las investigaciones de Albert Einstein para crear su famosa Teoría de la Relatividad, el “estrepitoso” fracaso del experimento de una famosa y acreditada pareja de investigadores, formada por un físico y un ingeniero, Michelson y Morley, respectivamente, cuando pretendían medir la velocidad con que se mueve la Tierra en el seno de una hipotética “sustancia”, que se suponía que invadía a todo el universo, y a la que los científicos de finales del siglo XIX  llamaron “éter”.
    
     A nadie, por aquellas fechas, le entraba en la cabeza que la luz, las ondas electromagnéticas en general - ésta es su naturaleza - se propagaran en el vacío sin soporte alguno. Esta era una lógica conclusión que se intuía al observar que otros tipos de ondas, como son las mecánicas - las ondas sonoras -, precisan de un soporte material - gas, líquido o sólido- para propagarse, siendo imposible su propagación por el vacío. Se creía, por tanto, en la existencia del “éter”, sustancia a la que se le atribuía una densidad prácticamente nula y una dureza superior a la del acero y a la del diamante, extraña sustancia, en verdad, que se suponía lo invadía absolutamente todo, y en cuyo medio podía propagarse la luz a una velocidad constate.

     Cuando Michelson y Morley  trataron de medir la velocidad con que se traslada la Tierra en el seno del hipotético “éter”, lo hicieron con la intención de establecer un sistema de referencia universal único y válido para todo el Universo, en el seno del cual se movieran todos los demás sistemas.
               
     El experimento de Michelson y Morley consistió en medir la velocidad de la luz que llegaba a nuestro planeta desde una determinada estrella, comparándola con la enorme velocidad con que viaja la Tierra – velocidad de traslación del orden de 30 Kms./segundo - en el recorrido de su órbita en torno al Sol.  La estrella en cuestión fue elegida entre aquellas  hacia las que se dirigía la Tierra en una fecha determinada, pero la velocidad de la luz encontrada fue de - aproximadamente - 300.000 Kms./segundo,-medidas mas recientes y precisas han encontrado una velocidad de, exactamente, 299.792 kms./segundo - la misma velocidad que se había medido tantas veces con fuentes luminosas, en reposo, generadas en los laboratorios de la Tierra. - Para hacernos una idea de ésta tan alta velocidad de la luz, el tiempo que tardaría  una onda luminosa en un viaje de la Tierra a la Luna sería de solo un ¡segundo!, y para que nos hagamos también una idea del tamaño del Universo, para llegar a la estrella más cercana a nuestro sistema solar, Alfa de Centauri, la luz invertiría en su viaje a esta estrella  un tiempo total del orden de ¡cuatro años!.

     Cabría  pensar que en ese instante la Tierra se estuviera moviendo a la misma velocidad y sentido que el “éter”, en el que se la suponía sumergida, así que la pareja de investigadores decidieron esperar justo seis meses después para repetir la misma experiencia, volviendo a medir la velocidad de la luz que nos llegaba del mismo astro, cuando la Tierra se encontraba entonces en una posición diametralmente opuesta a su posición anterior y, por tanto, alejándose ahora de la estrella elegida con la misma velocidad con que antes se acercaba.

      Tenía necesariamente que haberse puesto de manifiesto ahora, que la diferencia de velocidades de la luz que nos llegaba a la Tierra desde dicha estrella, debería ser igual al doble de la velocidad de traslación de nuestro planeta – movimiento de acercamiento, mas el de alejamiento de la Tierra a la referida estrella -, es decir, la ya conocida velocidad de la luz en el ”éter” –de cerca de 300.000 Kms./segundo-  menos los, aproximadamente, 60 Kms./segundo, doble de la velocidad de traslación con que suponía que se movía la Tierra en el seno de ese hipotético “éter”, - el resultado razonable que esperaban ahora debería de ser el de unos 299.940 Kms./segundo -, .... ¡pues no!, ¡volvieron a medir, exactamente, la misma velocidad de la luz que obtuvieron cuando la Tierra se acercaba al foco luminoso estelar!.

    Voy a poner un ejemplo gráfico de lo que aquí se obtiene y de lo absurdo del resultado. Imagine el lector que hay una persona en una estación de ferrocarril, sentado en un banco desde donde ve pasar un tren – luz - a una velocidad constante. Si el observador – planeta Tierra - se mueve en la dirección del tren, verá que el tren va algo mas despacio, exactamente la velocidad del convoy menos la del observador.  Si ahora nuestro personaje se vuelve y camina en sentido contrario al de la marcha del tren, observará que el tren va más aprisa, justo la velocidad del expreso mas la del peatón del andén.... pues imagínense cual sería la sorpresa de nuestro personaje si ve que el tren – luz - ¡ no varía su velocidad con respecto al observador – Tierra - tanto si se mueve en un sentido en el andén, como en el otro ! 

    También, como humildes humanos y responsables profesionales, Michelson y Morley pensaron haber cometido algún error, pero tras repetir de nuevo la experiencia, no salían de su asombro al comprobar que la ¡VELOCIDAD DE LA LUZ  SE MANTENÍA SIEMPRE CONSTANTE, FUERA CUAL FUESE LA DIRECCIÓN DESDE DONDE PROVINIERA LA LUZ, O FUERA CUAL FUESE LA  ESTRELLA ELEGIDA!

     Esta experiencia, que se consideró en principio un fracaso, creó una enorme confusión entre todos los científicos de aquella época, los que creían que la Tierra arrastraba al propio “éter”, los que no consideraban esta posibilidad y, cómo no, los que hasta negaban la existencia del mismo. No obstante, nadie encontraba explicación alguna a éste fenómeno a través de las respuestas que hasta entonces nos había venido dando la tan desarrollada y comprobada Física Clásica.

     Fue necesario admitir que todo ocurría  como si la velocidad de la luz con relación a la Tierra fuera independiente de la velocidad de desplazamiento de ésta, encontrándose, además, como antes decíamos, el mismo resultado para cualquier dirección. No tuvo, por tanto, ningún éxito esta experiencia, en el sentido de encontrar como sistema de referencia absoluto, el ligado al supuesto “éter”.

    Corresponde a Einstein el mérito de darse cuenta,  de que la solución de este problema necesitaba de una revisión profunda de los conceptos clásicos.

     Otros interrogantes que ya existían por aquella época, y que la Física Clásica fue incapaz de resolver, fueron las contradicciones que habían surgido entre la Optica Clásica y la nueva teoría electromagnética de la luz de Maxwell, por otra parte, las aberraciones observadas en las estrellas de Bradley y, el más curioso por lo espectacular, la desaceleración y aceleración que ofrecía el planeta Mercurio, el más próximo de nuestro sistema al Sol, cuando se ocultaba y cuando aparecía  tras el “astro rey”, respectivamente. Todo ocurría como si este curioso planeta, - el llamado “planeta de los más”: Por ser el más caliente - en la cara  que presenta al Sol -, el más frío - en su cara oculta al Sol -, el más próximo, el más pequeño, el más denso.....- desobedeciera las leyes de Keppler, frenándose  antes de ocultarse tras el Sol y acelerándose al reaparecer tras su eclipse solar, movimiento inédito de este planeta, que rompía con la armonía de todos los demás cuerpos celestes del sistema solar.

     Todo ésto, y mucho más, fue aclarado por el genio de Einstein en su famosa Teoría de la Relatividad, como veremos a continuación.






I I I
                              

                            De cómo de la confusión
nace la luz.                   

 












     Ante este panorama de confusión científica, en el que se defendían como válidos los postulados de la Física Clásica, mientras fallaba estrepitosamente su aplicación para encontrar la solución que explicara determinados fenómenos físicos - fenómenos que habían sido detectados a medida que se había ido progresando en la calidad y precisión de los instrumentos de observación y de medida, fenómenos inexplicables, entre los que cabe destacar los relatados en el capítulo anterior -, Albert Einstein tuvo la feliz ocurrencia de, manteniendo válidos los postulados de la Física Clásica para sistemas de referencia “inerciales”  - es decir, para sistemas de referencia con velocidad de traslación constante y sin rotación -, considerar también como postulado, - a la vista de los resultados obtenidos por Michelson y Morley - la invarianza  de la velocidad de la luz en el vacío, independientemente del movimiento del manantial, del medio o del observador.

     Con su primer postulado, Einstein salvaba “de un plumazo” todas la leyes que rigen la Física Clásica, ....pero cuidado, ....sólo para sistemas de referencia “inerciales”.

     Dicho de otra manera: Todos los postulados definidos en Física Clásica seguían siendo válidos entre sistemas de referencia que se mueven con velocidad constante y paralelamente entre sí.

     O dicho de otro modo: Para Einstein, cualquier sistema “inercial” puede ser considerado como un sistema en “reposo”, como el sistema de referencia “único” y “universal”- se suple así  la necesidad de buscar aquel  sistema de referencia que se le suponía ligado al  supuesto “éter”.

     Su segundo postulado recibe el nombre de “invarianza” de la velocidad de la luz.

     Ambos postulados dieron lugar al Principio de Relatividad Restringida – en 1.905 – llamada también Relatividad Especial, porque con posterioridad, diez años después, en 1.915, el mismo Einstein desarrolló la desde entonces conocida como Teoría de la Relatividad Generalizada, que incluye todos los sistemas de referencia, tanto “inerciales” como “acelerados”  etc. ...

     Einstein, como buen físico, para obtener sus ya famosas ecuaciones rescató y utilizó como “herramienta matemática” las transformaciones de  Lorenz, aplicándolas a dos sistemas de referencia “inerciales” dotados de “cuatro” dimensiones , el llamado espacio-tiempo, de cuatro dimensiones de Minkowski.

     Los sistemas de referencia elegidos, además de moverse paralelamente a sí mismos y a velocidad constante, y además de las tres clásicas dimensiones espaciales, les dotaba de una cuarta dimensión ligada al tiempo - velocidad de la luz por el tiempo (c.t), para ser más exactos.-  Esto debía ser así, porque a este cuarto eje había que darle una dimensión longitudinal, como es la que corresponde a los otros tres ejes espaciales, y así poder relacionar entre sí, en las ecuaciones resultantes, cuatro magnitudes de igual dimensión y carácter.

     No voy a entrar aquí a relatar el proceso matemático para la obtención de las famosas ecuaciones, ni tan siquiera exponerlas en su expresión matemática, porque, como ya anticipé en la introducción, este trabajo no pretende dar una amplia exposición de la famosa Teoría de Relatividad, sólo voy a limitarme a relatar unos ejemplos, donde se plasman con claridad e innegable evidencia sus asombrosos resultados, y donde voy a poner en evidencia lo que también vaticinaba desde un principio: “La insuficiencia de nuestros sentidos para poner de manifiesto los verdaderos aspectos de la realidad exterior”.

     De las ecuaciones obtenidas por Albert Einstein aparecen inmediatamente unas conclusiones verdaderamente sorprendentes. Veamos algunas de ellas:
                                                                                                                  
     La primera, y quizás la más famosa y conocida, es aquella ecuación que nos relacionó la masa, - lo que conocemos vulgarmente como materia -, con la energía. ¡La masa es energía¡,.... ¡la masa es una forma más de cómo se presenta la energía!. ¡Increíble!.

     Por desgracia, la primera vez que se expuso públicamente y de manifiesto la veracidad de esta afirmación de Albert Einstein, fue con la nefasta demostración de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. ....Quedó bien demostrada la eficacia de su famosa teoría ....aunque hoy en día, como compensación a ese horror, se especula con la energía suministrada no por la fisión  - del uranio 235, o del plutonio, fuentes de energía potentes pero “sucias” -, sino por la fusión – del hidrógeno y tritio, energía mil veces superior a la anterior - como energía limpia, barata  y prácticamente inagotable para el futuro, y como una alternativa a los combustibles fósiles, como el petróleo, cada vez más caro, escaso y con un final asegurado.

     En todos los procesos, tanto de fisión como de fusión, se ha comprobado que la energía desprendida es igual al equivalente energético de la pérdida de masa que se observa en los productos finales.

     Otras importantes conclusiones fueron las siguientes:

     La medida de la masa de un objeto en reposo con respecto a un observador, ¡es siempre menor que la masa que el observador mide del mismo objeto en movimiento!.

     Este fenómeno a velocidades normales es totalmente inapreciable, pero se ha comprobado, por ejemplo, en los modernos y potentes aceleradores de partículas – ciclotrón, betatrón etc.. -, donde las velocidades alcanzadas por partículas elementales – electrones, protones .... etc.- son ya significativas frente a la velocidad de la luz, que la masa de las partículas va aumentando a medida que crece su velocidad, de acuerdo con los resultados obtenidos en la Teoría de la Relatividad.

     Pero también esta teoría relativista  pone un límite a la velocidad que puede alcanzar cualquier cuerpo material que se aleje o acerque a un observador, este límite de velocidad máxima alcanzable es el de la velocidad de la luz, ya que a esta velocidad  su masa se haría infinita y, por tanto, para alcanzarla sería preciso aplicarle al objeto una energía infinita..... y esta energía ¡no la tiene el Universo entero!.

     El tercer y cuarto resultados relativistas a mencionar son el de la contracción de longitudes y el de la dilatación del tiempo.

     Se ha puesto de manifiesto en innumerables ocasiones, las correcciones relativistas que en este sentido se realizaron en los viajes espaciales de los cohetes sonda, navíos espaciales que fueron lanzados para la investigación de nuestro sistema planetario, ya que aquí se empezó a utilizar, por primera vez, velocidades significativas, aunque no importantes, frente a la velocidad de la luz, y que pusieron de manifiesto esta fenomenología relativista.

     Para explicar mejor estos efectos voy a relatar la conocida - en el mundillo de la física relativista - “paradoja de los dos hermanos gemelos”:
     Imaginemos dos hermanos gemelos; uno de ellos viaja en una nave espacial, mientras que el otro queda aquí en la Tierra. Supongamos que en el momento de la partida ambos ponen sus relojes en hora, y que el cohete se aleja a altísima velocidad. Si el que queda en la Tierra pudiera ver el reloj de su otro hermano, comprobaría que éste se retrasa con respecto al suyo, y en consecuencia, con el tiempo, vería con asombro ¡que su hermano gemelo envejece más despacio que él! ... En la hipótesis de que la velocidad de la nave fuese la, ya sabemos, inalcanzable velocidad de la luz, el hermano en la Tierra vería “parado” el reloj de su hermano gemelo, y comprobaría con asombro que los años no pasaban por él, ¡permanecería siempre con la misma edad, mientras que él, en cambio, se hacía más y más viejo!. –Este es el fenómeno  conocido como “dilatación del tiempo”-.
    
     Por otra parte, si el hermano que permanece en la Tierra soportara una regla de un metro de longitud orientada en dirección a la nave, y el que viaja en la nave pudiera medirla comparándola con otra regla de un metro que él posee, y que fueron contrastadas antes de la partida, observaría con estupefacción que aquella regla que quedó en la Tierra ¡se iba acortando a medida que la velocidad de separación iba en aumento!... En el caso hipotético de que la nave alcanzara la velocidad de la luz,  la longitud de la regla de un  metro dejada en la Tierra ¡se haría igual a cero!. –Este fenómeno relativista  es el conocido como “contracción de longitudes”, contracción que se realiza siempre en el sentido del movimiento -.
     Lo mismo ocurriría para un astronáuta que viaja desde la Tierra  a una estrella. A medida que su nave fuera alcanzando velocidades de orden de un cuarto, un medio, u otras fracciones significativas de la velocidad de la luz, comprobaría que el Universo se “comprimiría” hacia delante y desde atrás, justo en la dirección de su trayectoria; es decir, la distancia entre la Tierra que abandonó y la estrella hacia la que se dirige, se acortaría a medida que la nave fuera aumentando su velocidad.... ¡ y llegaría a hacerse cero si el navío llegara a alcanzar la velocidad de la luz!.... Es decir, a la velocidad de la luz, ¡en el momento de salir ya habría llegado!.
     ¡Pero estos fenómenos relativistas son igualmente experimentados tanto por el observador como por el observado, porque cualquier sistema inercial puede considerarse como sistema fijo o universal, todo depende del sistema inercial que elijamos!. 

     Precisamente por estas fechas, en las que estoy escribiendo este trabajo, se acaba de comentar en los medios de comunicación, que unos físicos, en un laboratorio de los EE.UU, en Priceton, - New Jersey - se ha alcanzado por primera vez, con una técnica láser, en atmósfera de Cesio, una transmisión con una velocidad superior a la de la luz, ¡apareciendo el efecto antes que la causa que lo originó!...  De todas formas, no puedo aún opinar sobre este descubrimiento en este trabajo de una manera formal, y con el rigor con que trato los demás resultados que aquí expongo, porque aún no he podido estudiar una publicación científica sobre estos resultados.

     Si ahora contemplamos las perspectivas que nos ofrece la Teoría de la Relatividad Generalizada, la que estudia los fenómenos relativistas, como dijimos anteriormente, entre sistemas de referencia no inerciales - en rotación, acelerados etc. ...- encontraremos respuesta también a otros tipos de fenómenos hasta entonces no explicados, como es el comportamiento del planeta Mercurio en sus atrasos y adelantos orbitales en su eclipse tras el Sol, y otros más modernos, entre los que podemos destacar la existencia de los famosos “agujeros negros”.

     Ambos se deben a que las ondas luminosas - que no tienen masa - ¡son atraídas por los campos  gravitatorios!. Esto solo se puede poner de manifiesto cuando la luz está sometida a un intenso campo gravitatorio. Así la luz que nos llega desde Mercurio es atraída y desviada, de forma detectable por nuestros sentidos, cuando procedente del planeta “ de los más ” pasa cerca, tangencialmente, de la superficie solar en su trayectoria hasta nosotros – aquí el campo gravitatorio es altísimo, del orden de cientos de miles de veces superior al de la Tierra -. Por análoga razón, pero con efectos mucho más acentuados, la luz emitida por un “agujero negro” no puede salir al exterior, porque la altísima gravedad de este punto celeste hace que la luz retorne de nuevo a él, impidiéndoselo de la misma forma que una piedra lanzada hacia el “cielo“ vuelve a caer a tierra, así de “sencillo”,.... por la acción de un potentísimo campo gravitatorio la luz que pretende escapar de un “agujero negro” retorna de nuevo a él,...  por eso es “negro”, por eso no se puede “ver” - estos cuerpos del Universo sólo se pueden localizar por las perturbaciones que originan sobre los cuerpos celestes más próximos a ellos -.

     La gravedad  afecta no solo a las ondas del amplio espectro visible o invisible de la luz – infrarrojos, ultravioleta y rayos X -, sino también a las radiaciones gamma.

     Esto se ha comprobado midiendo la frecuencia de una radiación gamma, emitida por una fuente, por un isótopo radiactivo que se elevó en un globo estratosférico hasta una altura considerable, donde, por la altura, el campo gravitatorio es algo menor que a nivel cero - a nivel del mar –, se observó entonces que la citada radiación variaba en frecuencia, siendo mayor la que nos llegaba desde esa altura- menor período de tiempo-  que la medida obtenida a nivel del mar.

      Y por último, otra consecuencia muy importante que también pone de manifiesto la Teoría Generalizada, es que tanto las longitudes como el tiempo ¡son también afectados por la gravedad!.

      Esto no es, ni más ni menos, que una consecuencia inmediata del concepto de que la gravitación, o el campo de fuerzas gravitatorio, es equivalente a la aceleración o campo de fuerzas de inercia, consecuencia que estableció Einstein con el nombre de Principio de Equivalencia.

     Así, todas las conclusiones obtenidas, y antes descritas en la Teoría de la Relatividad  Restringida, son también válidas para los campos de fuerza de inercia y, por tanto, para los campos de fuerza gravitatorios.

     No considero necesario entrar aquí en más detalles y explicaciones, porque considero más que suficientes las razones expuestas hasta ahora, para poder  basar en ellas mis conclusiones.












 I V


     De cómo con un nuevo conociminto
      de la realidad, se cambia de disposición.
    

  











     Después de todo lo anteriormente expuesto estamos en condiciones de poder sacar ciertas conclusiones muy sabrosas, que vienen a dar luz sobre algunos temas que, al menos para mí y hasta ahora, eran temas de pura fe, sin base racional alguna.

     Creo que ha quedado bien de manifiesto, que el Universo que contemplamos con nuestros sentidos, incluso si nos ayudamos por una sofisticada y moderna instrumentación, es susceptible de variar de forma, cambiando la distribución de las estrellas y de las galaxias que lo integran; en una palabra, de distorsionarse como si de una esfera elástica se tratara, si lo contempláramos moviéndonos a altas velocidades en su interior o fuera de él, si ello fuera posible.
    
     Hoy en día, todos los datos obtenidos por los investigadores científicos apuntan a que el Universo tuvo un origen – la célebre teoría del “Big-Bang” – en un punto determinado del espacio conocido, en el que hace 20.000 millones de años apareció concentrada en él toda la energía, y del que divergen en movimiento aún de expansión todas las Galaxias. Se ha podido observar con la ayuda de los portentosos medios de observación  que se dispone en la actualidad, no sólo a las galaxias de nuestro entorno, ¡sino aquellas que  viajan en dirección diametralmente opuesta a la nuestra!. Por tanto nos encontramos en un Universo que tiene forma mas o menos esférica, en el que todas las galaxias se encuentran separándose  entre sí y en el interior de una enorme esfera de luz que, como sabemos, viaja mucho más rápido que todas ellas. - Si sumamos todos los tipos de energía: la energía en forma de masa de las estrellas, de los planetas y de los restantes cuerpos que vagan por el espacio, las energías potenciales –gravitatorias y cinéticas– del movimiento de todos estos cuerpos, y las energías radiantes –entre las que se encuentra la luz visible -, la suma así obtenida sería exactamente igual a la cantidad de energía que apareció en un punto en el inicio del “Big-Bang”. Se cumple así el Principio de Conservación de la Energía primer Principio de Termodinámica - que se enuncia así: “La energía ni se crea ni se destruye, solo  se transforma”-.

     Cabe pensar que la velocidad de fuga que actualmente tienen las Galaxias no sea la velocidad suficiente de “escape”, y todas, o algunas de ellas, vuelvan a “caer”, retornando de nuevo al punto de origen para, de nuevo, volver a explosionar,... y así una y otra vez, generando un “Universo pulsante”.

     Actualmente se dispone de medios, se está comprobando, y estimo que  pronto se hará público, si las Galaxias poseen una velocidad suficiente como para “escapar” a la atracción gravitatoria entre ellas, .... parece ser que sí, pero, sea cual sea su comportamiento, el Universo tendrá un fin, porque hay una energía irrecuperable que se pierde en cada proceso, “la energía radiante”,  y toda la materia, que por la Teoría de la Relatividad sabemos que es una forma de manifestación de la energía, evolucionará con el tiempo en formas más degradadas de energía –según  el segundo Principio de Termodinámica que se enuncia así: “Todo tipo de energía evoluciona siempre a estados energéticos más degradados” o, dicho de otro modo , “- en todo proceso energético aumenta su ,entropía -”, siendo la última forma de energía, la manifestación más degradada –la más irreversible–, la energía radiante, la luz y demás radiaciones electromagnéticas –Ondas métricas, infrarrojos, ultravioletas, rayos X, rayos gamma…-, .... y esta  energía no es recuperable.
    
     Hasta los “Agujeros Negros”, según Stephen Howking, “no son tan negros”, porque de ellos escapa la llamada “radiación Howking”- del espectro de la radiación más dura, la “gamma”.

     “Si el Universo tiene un final, necesariamente ha tenido que tener un principio”.

     Pero la realidad no es así de fácil, hay algo más. Imaginemos que el conocido astronauta del ejemplo de los hermanos gemelos se encuentra  “sentado” en el primer frente de luz que se originó en el instante inicial del “Big-Bang”,  y “viajando” a la velocidad de la luz desde ese mismo instante, mientras su hermano permanece en el origen del “Big-Bang”; pues bien, para el  viajero, por el efecto de “contracción de longitudes” ¡seguiría viéndose en el origen de la explosión!, mientras que el observador fijo ve que el tiempo que transcurre en la vida de su hermano, el viajero, ¡es cero!, y entonces tenemos que preguntarnos:

     ¿Qué es el espacio, que puede variar, y en realidad varía, en función del observador o en función de la energía gravitacional a la que esté sometido?

     ¿Qué es la distancia  entre puntos del espacio, si no es la misma para dos observadores que se mueven entre sí, y que puede, incluso, hacerse cero?

     ¿Qué es el tiempo, factor para nosotros absoluto, que también varía en función del observador que lo mide, y en función de la energía gravitatoria en que esté sumergido?

     ¿Qué es un intervalo de tiempo, si no es el mismo para dos observadores que se mueven entre sí, y que puede llegar a hacerse cero?

     Verdaderamente vemos todo lo que nos rodea con unas limitaciones impresionantes, limitaciones que nos impiden conocer por nuestros sentidos la verdadera realidad. ¡Todo ocurre como si viéramos una imagen fija de toda una película!; ....nos habíamos perdido, hasta ahora, todo el “argumento” de la misma, pero gracias a Einstein hoy en día sabemos bastante más de qué va el “largometraje”, y podemos entender mucho mejor la  realidad.

     Gracias al padre de la Teoría de la Relatividad conocemos ahora que todo el Universo esta compuesto de una sola cosa: ENERGÍA. Y sabemos también que tanto el tiempo como el espacio no son absolutos, son RELATIVOS y, además, tanto el tiempo como el espacio están íntimamente  ligados  a  la  energÍa.

     Esto, en apariencia tan simple, abre una enorme ventana en nuestro interior, en nuestro conocimiento humano de las cosas, sintiéndonos y encontrándonos en disposición de sacar esas nuevas conclusiones ya anunciadas, que permanecen aún en ese otro mundo gobernado por la fe, y del que no he hecho alusión, hasta ahora, en este relato, tal y como prometí al comienzo del mismo.




















V


                      De cómo el saber transforma
                            la fe en conocimiento.
    
 











     Hasta aquí, todos los resultados obtenidos  lo han sido a través del rigor del método científico, y por muy increíbles y fantásticos que nos parezcan, se ha comprobado hasta la saciedad su veracidad.

     Estamos ahora en disposición de realizar las siguientes afirmaciones:

     1- Todo el Universo es una sola cosa, es energía, que se mantiene constante, según el Principio de Conservación de la Energía –primer Principio de Termodinámica -.

     2- Toda esta energía evoluciona en el espacio-tiempo a formas energéticas más degradadas – aumento de entropía -, este proceso es irreversible – segundo principio de Termodinámica -, .....luego el Universo tendrá un final.

     3- Si el Universo tiene  final, necesariamente tuvo un principio.

     4- Si tuvo un origen, tuvo que ser, necesariamente, el de la aparición de toda su energía en un punto, punto desde donde se ha podido comprobar, continúa divergente, en expansión, todo el Universo conocido.

     5- Pero por el principio de la conservación de la Energía, ésta ni se crea ni se destruye; por tanto, esta energía, por sí sola, por generación  espontánea, nunca pudo aparecer.

     6- Además, tanto el espacio como el tiempo, sabemos, por la Teoría de la Relatividad, que no son “absolutos”, son “relativos”, y están en esencia íntimamente ligados a la energía, y, a su vez, la energía, tal y como la conocemos en sus distintas manifestaciones, no puede existir sin ellos. Se puede decir que la energía-espacio-tiempo es un todo, no tres cosas independientes.

     Hasta aquí, estas seis afirmaciones han sido posible hacerlas en base sólo y exclusivamente del conocimiento humano, de la ciencia y de la razón.... , todo, absolutamente todo, bajo el rigor de la disciplina de la Física, nada, absolutamente nada, se ha apoyado en el campo de la Metafísica.








CONCLUSIONES


     I- A partir de aquí, y dado que no encontramos respuesta de la Ciencia actual para el punto “5”, nos vemos necesariamente obligados a llegar a la conclusión, puramente racional, de que si la energía es incapaz de crearse a sí misma, el hecho de tener que ser “creada” precisa, necesariamente, de un Creador. (1)

     II- Además, teniendo en cuenta que la energía-espacio-tiempo es una unidad, en la que las tres magnitudes se interrelacionan, como se afirma en el punto “6”, el Creador de la energía lo fue necesariamente también del espacio y del tiempo. Atributo éste de un Ser perfecto, que para crear todo un Universo lo hizo de un modo “tan simple”, ¡creando una sola cosa!: la energía con el espacio-tiempo para su evolución, tal y como nosotros ahora la conocemos.

     III- Y, por último, la conclusión para mí más sorprendente: Si el espacio y el tiempo no son “absolutos”, sino que son “relativos”, y fueron creados simultáneamente con la energía, como un todo – punto “6” -, su Creador ha de estar fuera de lo creado, ¡ha de estar fuera del espacio y del tiempo donde evoluciona la energía!, o dicho de otra manera, ¡El creador no puede estar sujeto a su creación, la contempla fuera de él, y, por tanto, no esta sujeto, por naturaleza, ni al espacio ni al tiempo!.

     Este descubrimiento me hizo recordar lo que de pequeño me enseñaron con aquel antiguo catecismo del ”Padre Ripalda”, y que, hasta ahora, si creía lo que allí se decía, lo creía por un mero acto de fe, ya que tal afirmación se tenía que considerar como una revelación. Me refiero a la afirmación de que “Dios está en todas partes”, y que también “está presente antes, en y después de cualquier suceso”.  Ahora, cuando sé que la existencia del Creador permanece fuera de lo creado, y es independiente del “espacio” y del “tiempo” – tal y como lo entendemos con nuestros sentidos -, veo claramente que su naturaleza ha de estar fuera del “espacio”, lo que le permite estar en un mismo instante en todas partes – el llamado don de la ubicuidad -, y fuera del “tiempo” – don de la omnipresencia -, lo que le permite estar, simultáneamente, antes, en y después de cualquier  suceso.

     IV- Del mismo modo, si Dios creó el alma de los seres racionales “a su  imagen y semejanza”, ésta, por su naturaleza, no puede estar tampoco sujeta ni al espacio ni al tiempo. Por lo primero no se puede ubicar en un punto determinado de nuestro cuerpo, por lo segundo, es, efectivamente, inmortal.

     (1)    Desde siempre ha habido pensadores, científicos etc., que se han preocupado, - y siguen preocupándose – y estudiado hasta la saciedad, cómo explicar el por qué de la aparición y existencia del Universo.

   Recuerdo, allá por los años cincuenta y sesenta, cómo surgieron varias teorías tratando de justificar el origen y destino del Universo, sin intervención exterior alguna, y he podido ser testigo también de cómo todas estas teorías  han ido derrumbándose, una tras otra,  al no poder soportar los constantes descubrimientos de la ciencia en el campo del conocimiento humano, en nuestro caso, del Universo y su evolución.
     Todas las muchas y fugaces teorías, a excepción de la de la “Gran Explosión”, la conocida más universalmente como “El Big Bang”, fueron desvaneciéndose, quedando esta última, hoy en día, como la más convincente del origen y evolución del Universo, reafirmándose año tras año por los avances alcanzados en este campo, en función del avance experimentado en el potencial instrumental y los medios para desarrollarlo.

    Es ésta la razón fundamentalpor la que he basado en la teoría del “Big Bang”  el postulado de la “Creación”.

    Hoy en día, también somos testigos de ingeniosas investigaciones en este campo. La más reciente y universalmente conocida, la “Teoría de las Singularidades”, debida al famoso Físico stephen W. Hawking, que es un ejemplo más de la tenacidad del hombre en buscar respuestas a nuestras aún numerosas incógnitas, lagunas del conocimiento que siempre han existido, existen y existirán, ya que cada descubrimiento nos sitúa en la frontera de un nuevo frente de nuevas preguntas que la humanidad volverá a plantearse,… no se puede saber dónde está el final, pero no se puede negar que vamos avanzando y ¡a qué velocidad!.. 

  






COROLARIO


     El lector podrá pensar que las conclusiones a las que he llegado no están experimentadas, pero no debe olvidar, que si he realizado este trabajo ha sido debido, precisamente, al estado tan singular en que me encontré cuando abandoné mi cuerpo, en aquel inolvidable día de febrero de 1995, estado que, tras meditar largamente, no acababa de entender y encajar a través de mis experiencias humanas.

     Es por tanto que este resultado, fruto de un serio y prolongado planteamiento, fue debido al esfuerzo que realicé para encontrar una explicación racional a la ausencia que viví, en aquella peculiar percepción extracorporal, de los conceptos terrenales del espacio y del tiempo.

    Las conclusiones a las que llegué al final, cuando conseguí encajar todas las piezas del "puzle", me proporcionaron, en primer lugar, una explicación racional de mi insólita experiencia; pero al llegar aquí, comprendí, que no las debía silenciar, sino darlas a conocer al mundo en general, y en particular para aquellos que quisieran utilizar las conclusiones que se derivan de la  Teoría de la Relatividad como base, o punto de partida, sobre futuras y nuevas investigaciones para rescate de otras cuestiones, no sólo del campo de la fe, sino también del campo de la Metafísica en general, devolviéndolas así para el mundo racional.

     Quién sabe si en estos intentos se pudiera dar explicación  a fenómenos paranormales, como puedan ser, por ejemplo, los de la ubicuidad  o la levitación.

     Se ofrece un panorama inmenso, para que los eruditos en temas de Teología, o en temas de Metafísica, contemplen sus conocimientos bajo esta nueva perspectiva, que nos brindan las teorías relativistas que Albrt Einstein nos obsequió.

     Quedo feliz de poder poner este granito de arena en el enorme edificio del conocimiento humano, que, aunque no es la panacea que lo arregla y aclara todo, puede alumbrar muchos puntos oscuros que deben ser aclarados por el bien y provecho de todos.

     Y también doy las gracias a quienes hayan leído hasta aquí con atención, estoy convencido de que desde ahora se le desvelarán con más claridad algunos misterios, y observará desde otra perspectiva la propia vida y el Universo.















    (Contraportada)



 En este trabajo, el autor, E. Feriche, aporta como novedad el estudio y solución al estado de absoluta libertad, y de no sujeción al espacio y al tiempo, que existe en la vida del más allá.
Su aportación ha sido posible gracias a la conjunción de dos factores esenciales: El de haber conocido la vida que hay tras la muerte, y el de ser Físico Teórico, circunstancia, ésta última, que le permitió observar esta insólita vivencia bajo otro punto de vista muy diferente al resto de los mortales que vivieron esta experiencia, y que podemos atribuirlo al de la mal llamada "deformación profesional".
Sus conocimientos sobre la "Teoría de la Relatividad" han servido para rescatar al plano de la evidencia, aquello que no se puede entender en el mundo real.
Al mismo tiempo, con esta nueva perspectiva se abre una puerta a la investigación, pudiendo ser aplicada a numerosos casos de los ya estudiados en Teología y Metafísica en general, y que pudieran ser rescatados al plano real, para conocimiento de toda la Humanidad.